domingo, 2 de octubre de 2011

Tacones

Es difícil por no decir imposible establecer criterios de autoridad de algún tipo ¿o no? Uno opina en base a su propio entendimiento y su conocimiento del mundo y a no ser que el reconocimiento sea aceptado por otras partes receptoras de una manera natural, sin presiones, sino tan solo con convencimiento, no se le dará su debido valor. Esto es algo difícil que suceda en este “siglo XXI cambalache problemático y febril” http://www.todotango.com/spanish/las_obras/Tema.aspx?id=T9lldaeHiig= en el que es lo mismo un burro que un gran profesor, o lo que es igual, que lo que se diga obedezca a una ocurrencia, o se deba a algo meditado y razonado, evidentemente las dos cosas no tienen el mismo peso específico, aunque ambas sean merecedoras de respeto.
Lo que pasa es que todo el mundo utiliza estrategias de convencimiento de todo tipo, incluso desde manipulación hasta el fraude ¡que le vamos a hacer…! ¡Çe la vie!
Entonces, como ya decía la canción, “Ahora vengo yo…” para decir simplemente lo que pienso, que no es otra cosa que: lo desnaturalizado no puede ser modelo ni estilo de vida.

Que si…, que ya sabemos que cualquiera puede hacer lo que le apetezca y que una mujer lleve tacones por que diga que le gusta y se sienta bien no se le puede condenar, pero, al menos, se puede decir lo siguiente:
Cuando veo a tantas mujeres andando por la calle, en un acto de normal desplazamiento y lo hacen subidos en una tortuosa plataforma, que se les clava en los talones y les curva la espalda desplazando su peso sobre los dedos comprimidos al sujetarse en la propia carcasa de la plataformas, llámense: zapatos de tacón, no puedo menos que lamentar su suerte y sorprenderme de su capacidad de sufrimiento asumido. Están oprimidas y tiranizadas por una estética que presenta a la mujer sobre esos alzos como a alguien más deseada, más estilizada y casi por ello, se supone que con mayor autoestima. ¡Gran error! Como uno más de tantos que nos dictan las modas, depilación, tangas, maquillajes, peluquerías, etc. que convierten a la mujer en un ser torturado constantemente para alcanzar estados de bienestar personal y que acaba creyéndose Ella misma, como algo natural o de su particular idiosincrasia.
Hartos estamos de comprobar que la vida no es así, no es esto, aún a pesar que ciertamente si se consigan estados de satisfacción, (sentirse más guapas, más admiradas, con mayor alcance social por sus mayores posibilidades de ofrecimiento y conquista, puede que incluso autoestima) aunque estos se deban a un malestar o incomodidad que se debe superar y que no nos colocan en la realidad de la vida, la de su naturaleza íntima.
Épocas pasaron en las que la Mujer se liberaba de su tradicional opresión machista, y lo hizo fundamentalmente, gracias a la incorporación al mercado de trabajo lo que supuso la propia capacidad de manutención y por lo tanto de su propia redefinición después de tanta dependencia y sumisión. Gracias a ello podía conseguir quitarse de ataduras y rémoras misóginas que las tenían tiranizadas y… ¿qué pasó…? Pues que tras un tiempo de fiesta y reformas se fue perdiendo fuelle de lucha y, arrollados por el pensamiento único, todo aquello no fue más que un espejismo, o un apropiamiento de rancios feminismos que acabaron por estar mal vistos y volver a comulgar con las ruedas de molino de más y más tiranías para la mujer, en las que parece encontrarse cómoda.
Cerca de mi trabajo hay un Colegio Mayor, de exclusividad masculina, de esos que sus residentes necesitan tener un altísimo nivel económico para poder costearlo mientras realizan sus estudios universitarios. Cuando les toca, realizan unas fiestas a las que acuden multitud de chicas, todos (ellas y ellos) en edad de merecer. Habiendo de todo, o sea sin generalizar, resulta patético ver el síndrome de cenicienta de muchas de las invitadas con tacón y sus aparentes aires de conquista salidorra. En estas actitudes se pueden comprobar a que niveles se queda la Mujer de esas pretensiones, que no deja de ser otro que el le han impuesto en esos fines. A todos nos gusta estar guapos y si tuviéramos que acudir a algún lugar con ánimo conquistador, seguramente mostraríamos nuestras mejores galas, como ha venido haciéndose siempre a lo largo de la historia de la humanidad, pero como esta ha sufrido una trasformación profunda, a día de hoy solo debiera de valer lo que nos naturaliza, sin sufridos postizos, tal como se es. Eso sería lo ideal.
Claro, que la que se “ligó” al futuro abogado, piloto o arquitecto de familia bien, dirá sin soltarlo: ¡A mi plim!


Rafael Cuevas 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Te olvidas del placer; del palcer más inmenso y deseado, -ese momento a cámara lenta, de quitarse los zapatos de tacón.

Anónimo dijo...

Esclavitud de la moda en la estetica: Así, si.
Imagino que tedrás la misma valoracion de los tatuajes, piercing, ropas ajustadas, zapatos demasiado cerrados, corbatas, tabletitas abdominales, afeitados diarios, y un largo etc. En este contexto, agradecer la sensibilidad al ponerte en la piel de una mujer. ¿Cual es el pero entonces?. Un giro de tuerca demás.
Elevar a la máxima, la utilización del tacón, como un retroceso en la lucha de la liberación de la mujer, cuando es bien sabido que existen otros ejemplos más explícitos. Los puestos de responsabilidad siguen en manos de los hombres, salario inferior a igual trabajo, eso sí es discriminación , y es aqui donde la lucha se choca contra un muro.
No desviemos lo esencial de la desigualdad con meros matices estéticos corporales, que incluye a hombres y mujeres.
Con el giro de tuerca en el texto, introduces sin querer un agravio sutil a la inteligencia de la mujer. Sin hablar del detallito de las fiestas universitarias, donde se vislumbra un machismo subliminal.

Rafa dijo...

El placer de descalzarse..., ¡muy bueno!
Anónimo 2º:
Puede que tengas razón